Mendigo

Aforismo
El mendigo no pide monedas: solicita la restitución de una dignidad evaporada.

Crónica
Esta mañana, en el cruce entre la avenida principal y la calle sin nombre, el mendigo volvió a construir su imperio de cartones. Observé cómo reordenaba su trono húmedo con la precisión de un emperador decadente. Los transeúntes pasaban como sombras veloces, ignorándolo. Él, en cambio, saludaba a todos con una sonrisa en ruinas.


Cuento
Había una vez un mendigo que pedía silencios. Sentado junto al banco más ruidoso del parque, extendía una lata oxidada con un cartel: “Dame un segundo sin palabras.” Aquellos que le entregaban un instante de mirada sin juicio, descubrían que, al alejarse, habían olvidado sus pesares.


Diálogo
—¿Tienes algo para darme?
—Solo preguntas.
—¿Valen más que el pan?
—Depende del hambre que tengas.
—Tengo hambre de ser escuchado.
—Entonces toma asiento. Aquí, todos los que callan son ricos.


Elegía
Lloro al hombre de las manos agrietadas, al príncipe destronado de la acera, al peregrino sin altar. Murió ayer bajo el puente, cubierto de anuncios publicitarios y lluvia ajena. Ninguna campana repicó su nombre.


Ensayo breve
El mendigo es el espejo en el que la ciudad no quiere mirarse. No es solo un individuo en condición de pobreza, sino una figura simbólica que denuncia, con su sola existencia, el fracaso de las promesas modernas. Su cuerpo es un manifiesto político, su presencia, una acusación constante.


Epístola
Querido hermano del suelo:
No te conozco, pero tu figura acurrucada contra la piedra me habla de batallas que desconozco. Escribo para decirte que te veo, aunque todos digan que no existes. No tengo monedas, pero te ofrezco esta carta como refugio en el viento.


Fábula
Un mendigo y un cuervo se hicieron amigos. El cuervo le traía migas, el mendigo contaba historias. Un día, el mendigo encontró una cartera llena y la devolvió. El cuervo se rió: “Tonto, podrías haber volado.” El mendigo respondió: “Las alas no se compran con billetes.”


Hipérbole
El mendigo arrastraba siglos en sus huesos, continentes en sus pies, y en su mirada cabían todas las guerras del mundo.


Leyenda
Se dice que un mendigo camina por las ciudades recogiendo los sueños que la gente pierde en los semáforos. Cuando su saco se llena, desaparece, y al día siguiente, los niños despiertan con ideas nuevas en la cabeza.


Metáfora
El mendigo es un poema deshecho a la intemperie.


Microrrelato
Le tendí una moneda. Me devolvió una flor. “Soy jardinero de almas olvidadas,” dijo, y desapareció entre las grietas del asfalto.


Monólogo interno
No me miran. No existo. Solo el perro me recuerda que tengo sombra. ¿Fui niño alguna vez? Ayer soñé que volaba sobre tejados y que el hambre era solo un recuerdo. Hoy, soy el recuerdo del que nadie quiere acordarse.


Poesía
Las sobras del mundo
caen en mi cuenco.
Pero aún canto.
Con voz de polvo,
pero canto.
Porque también el silencio
es una forma
de pan.


Poema en prosa
Camino entre los escombros de una ciudad que me teme. No tengo nombre, pero mis pasos conocen cada grieta del pavimento. Hoy, un niño me miró sin asco: sentí que respiraba por primera vez desde que caí del mundo.


Relato epistolar
9 de marzo
Querida madre:
No sabrás de mí hace años. El banco me quitó la casa, los amigos el habla, la ciudad la piel. Pero aquí, entre los cartones, he descubierto algo: el cielo sigue siendo gratis. Cada noche lo miro y pienso en ti.


Texto filosófico
¿Quién es el mendigo? ¿El que carece de bienes o el que ignora su precariedad espiritual? La mendicidad no es solo una condición material, sino una categoría ontológica. Todos somos mendigos ante el misterio del ser.


Fragmento onírico
Soñé que el mendigo tocaba un violín invisible. Cada nota tejía un recuerdo de infancia. Al final del sueño, el violín estaba hecho de lágrimas secas y el mendigo volaba con alas de papel de periódico.


Prosopopeya
La acera habló: “He sostenido su cuerpo cada noche. Lo conozco mejor que nadie. Sus sueños gotean en mis grietas. No lo llamen mendigo: es mi confesor.”


Parábola
Un rey disfrazado de mendigo salió al mundo para conocer su reino. Nadie lo reconoció, pero todos lo ignoraron. Al volver al trono, decretó: “No gobierna quien no es visto en la calle como hombre.”


Alegoría
El mendigo, figura vestida de harapos, representa la conciencia dormida de la sociedad. Su cuenco vacío es el corazón hueco de los indiferentes. Su caminar errante es el exilio del alma colectiva.


Cápsula poética
Cuenco de metal.
Ojo sin techo.
Aliento de viento.
Mano abierta:
llaga
que bendice.


Epifanía literaria
Lo vi sentarse con cuidado sobre el cartón como si se tratara de un trono. Entonces comprendí: no hay miseria mayor que la de no reconocer la realeza en lo invisible.


Texto metatextual
Este texto mendiga palabras para describir al mendigo. Fracasa. Cada línea intenta rozar su silencio, pero el silencio es más vasto que cualquier lenguaje.


Texto hermético
Él era sin-ser. Dormía en el umbral del verbo. Su hambre no era de carne, sino de semas. Pedía la sílaba primera, pero solo recibía puntuación.


Viaje interior
Cierro los ojos y camino entre callejones de miedo. Allí encuentro al mendigo que habita en mí, pidiendo ternura, mendigando sentido. Lo abrazo. Somos uno.


Ensayo fragmentado
I. El mendigo es una grieta en el decorado.
II. Su presencia cuestiona la utopía del progreso.
III. ¿Y si fuera un sabio disfrazado?
IV. No pide dinero: prueba nuestra humanidad.
V. Es el límite entre el nosotros y el ellos.


Cuento especulativo
En el año 3045, los mendigos fueron declarados ilegales. Pero uno sobrevivió. Era un androide programado para recordar la compasión humana. Vagaba por las calles repitiendo: “¿Puedes verme?”


Lírica dramática
(Sobre la escena vacía, entra el mendigo)
MENDIGO:
Soy la pausa que nadie pronuncia,
la mancha que limpian del marco.
Mas yo existo.
Y mi voz, aunque ronca,
es el eco de todos los que callan.


Descripción evocativa
Tenía el cabello como telaraña oxidada, la piel surcada por mapas invisibles, y la mirada de quien ha mirado demasiado. Caminaba con el tiempo a cuestas, recogiendo instantes caídos.


Texto apocalíptico
Cuando cayeron los gobiernos y se secaron los mares, solo quedaron los mendigos. Ellos, inmunes al colapso, caminaban entre las ruinas como profetas, enseñando a los sobrevivientes a vivir con nada.


Oráculo
Quien dé al mendigo sin mirar su rostro, perderá su reflejo. Quien le ofrezca escucha, ganará un secreto. Y quien pase de largo… ya no está vivo.