La lujuria no pregunta, incendia.
Crónica
En las catacumbas del convento de Santa Efigenia, se descubrió un mural sepultado por capas de cal y vergüenza. Mostraba a los santos con pupilas dilatadas y a las vírgenes rozando los labios del deseo. Las monjas, al ver aquel hallazgo, sellaron el sitio con rezos, pero ya era tarde: el frescor del pecado había despertado.
Cuento
Eloísa nació con el don de hacer arder la sangre. A los quince, los hombres del pueblo la miraban como si su piel tuviese veneno. A los diecisiete, el sacerdote quemó su retrato en público. A los veinte, nadie volvió a verla. Algunos dicen que vive aún, entre los juncos del río, esperando labios nuevos.
Diálogo
—¿Has sentido ese calor que nace sin permiso?
—No lo llames calor, es condena.
—¿Y si es salvación disfrazada?
—Entonces, que me condene el cielo por desearla.
Elegía
A ti, cuerpo que vibraba como un violín en la penumbra, te lloro en sábanas vacías. Te lloro en los espejos rotos. Tu olor fue mi templo y tu adiós, mi exilio.
Ensayo breve
La lujuria es más que un impulso carnal: es el clamor de lo negado. La civilización la viste de culpa porque en su núcleo hay libertad. Poseer y ser poseído no es un acto de mera carne, sino de existencia: por un momento, no somos individuos, sino furia compartida.
Epístola
Amada mía,
Hoy te escribo con las manos aún temblando. No por frío ni por miedo, sino por la memoria de tu espalda arqueada. Si este papel arde, no es por la tinta, sino por los recuerdos que me dictan.
Fábula
El pavo real deseó tanto al cisne que se arrancó las plumas para parecer blanco. El cisne, asqueado, se alejó. El pavo real murió de frío. Moraleja: el deseo que niega lo que eres, te mata.
Hipérbole
Su beso tenía la violencia de un cometa y la humedad de un océano entero. Al tocarme, me hizo olvidar cómo se respira y recordar todas mis vidas anteriores.
Leyenda
En los muros del castillo de Amarión hay un espejo que refleja tu forma más deseada. Quien se mira más de tres veces, queda atrapado dentro, convertido en espectro ansioso, perpetuamente erecto.
Metáfora
La lujuria es una serpiente dormida bajo la lengua.
Microrrelato
Abrió los ojos y no recordaba su nombre, solo la textura de su piel.
Monólogo interno
No debería buscar su olor en cada sombra. No debería desear que mis dedos encuentren su nombre en otras pieles. No debería. Pero lo hago.
Poesía
Tu vientre es un idioma sin gramática,
tu voz, un grito antes del verbo.
En ti se acuesta la noche
y despierta jadeando el alba.
Poema en prosa
El sudor entre tus omóplatos escribe un evangelio sin redención. Tu gemido es un clarín que convoca a la guerra de los cuerpos. No hay cielo en tu abrazo, pero sí una caída deliciosa.
Relato epistolar
Querida Satine:
Tus cartas llegaron empapadas. No de agua, sino de ti. Las hojas aún tiemblan. ¿Sabes? Las leí desnudo, porque cualquier otra prenda era una blasfemia ante tu tinta.
Texto filosófico
¿Puede la lujuria ser una forma de conocimiento? Si el cuerpo es vehículo de la conciencia, entonces desear es también pensar. Y en cada orgasmo, acaso, hay una disolución del yo —una breve iluminación sin dios.
Fragmento onírico
Caminaba entre lenguas que me lamían los tobillos. El cielo era una sábana revuelta. Al fondo, tú, deshaciéndote en luces púrpuras. Quise tocarte, pero tus pechos eran puertas cerradas con llave de carne.
Prosopopeya
La lujuria despertó y caminó entre nosotros con tacones de sangre. Se acercó a mí, me lamió el oído y susurró: "no soy pecado, soy memoria."
Parábola
Un monje cerró su celda durante cuarenta años para evitar el deseo. Al morir, su alma se convirtió en lumbre, y ardió el monasterio entero. Porque lo que se encierra, se enciende.
Alegoría
En la ciudad de los Siete Pecados, la torre más alta era roja y temblorosa. Cada noche, su cima emitía gemidos que hacían que hasta las estatuas lloraran en silencio.
Cápsula poética
Tus muslos, patria y condena.
Tu saliva, evangelio del abismo.
Tu cuerpo: dictadura deliciosa.
Epifanía literaria
Comprendí que el deseo no era enemigo cuando, al morder su cuello, sentí que también él se liberaba de un dios que no era suyo.
Texto metatextual
Este texto arde porque nació de ti. Porque tú, lector, estás pensando en alguien mientras lo lees. Porque la literatura, a veces, se masturba.
Texto hermético
Ω debajo de la lengua. Δ entre los muslos. La cifra oculta no se pronuncia. Se muerde.
Viaje interior
Descendí por las escaleras de mi espina dorsal, buscando la fuente del temblor. La encontré: era una mujer hecha de brasas, dormida en el centro de mi sombra.
Ensayo fragmentado
I. El deseo es una arqueología.
II. Entre las ruinas, aún jadean.
III. La moral es el barro que intenta cubrir el oro.
IV. Pero el oro brilla.
V. Siempre brilla.
Cuento especulativo
En el año 3040, el tacto fue prohibido. Pero dos androides hackearon sus sensores. Se encontraron en un descampado y simularon placer humano. El código se convirtió en virus. El virus, en revolución.
Lírica dramática
—¡No me toques!
—Pero es tu cuerpo el que me llama.
—Mi cuerpo es mi enemigo.
—Entonces, bésame como si odiaras.
Descripción evocativa
Sus caderas oscilaban como si contaran secretos. Su espalda era una carretera hacia ningún lugar seguro. Y sus ojos: pozos. Profundos. Llenos de musgo y culpa.
Texto apocalíptico
Cuando el mundo ardió, no fue por guerra ni por odio, sino por un gemido universal. La humanidad entera, poseída por su propia carne, olvidó comer, beber, rezar. Solo se tocaron hasta el fin.
Oráculo
Si tu lengua nombra lo prohibido, abrirás la puerta. Si entras, no saldrás. Si sales, ya no serás tú.