Aforismo
La histeria no grita por locura, sino por exceso de silencio.
Crónica
En la madrugada del martes, el aire en la ciudad parecía contener una vibración aguda, como si un enjambre invisible se hubiera alojado en los pulmones de los transeúntes. En las oficinas, las madres olvidaban a sus hijos; en las escuelas, los profesores lloraban sin saber por qué. Nadie mencionó la palabra “histeria” hasta que una mujer se desnudó en la plaza central y empezó a gritar nombres que no existían. A partir de ahí, la palabra fue inevitable. Y ya no se pudo contener.
Cuento
Era una casa pequeña, encajada entre dos edificios sombríos, donde vivía Clara, quien cada noche juraba oír sus muebles moverse solos. Cuando llegaron los médicos, dictaminaron histeria. Le recetaron somníferos y la olvidaron. Clara, sin embargo, comenzó a hablar con las sillas, a alimentar al sofá. Una mañana, los vecinos escucharon un canto armónico y doloroso. Entraron: la casa estaba vacía. Solo quedaban los muebles, perfectamente alineados, mirando hacia la puerta.
Diálogo
—¿La ves?
—No hay nadie, Andrés. Solo estás tú.
—Ahí, detrás del espejo. Me sonríe.
—Andrés, eso no es real.
—¿Y tú lo eres?
—No más que ella.
Elegía
Oh, voz quebrada de la mujer sin paz,
hija del trueno mudo y de la fiebre,
tus pasos resuenan en el mármol de los días,
donde el dolor no cesa ni se entiende.
A ti, que gritaste cuando nadie escuchaba,
dedico esta canción sin consuelo.
Ensayo breve
La histeria ha sido históricamente una jaula invisible que los siglos construyeron con precisión quirúrgica. Su diagnóstico ha servido para acallar lo inasible, lo que no encaja. No se trata de una patología, sino de un lenguaje alternativo de la resistencia, un grito en un mundo que exige silencio. La histeria revela una falla: no en quien la padece, sino en la estructura que la provoca.
Epístola
Querido Salvador:
Hoy volví a ver las sombras danzar en la pared, como si supieran algo que yo he olvidado. El médico dice que deliro, que debo calmarme. Pero no puedo. Dentro de mí habita una tormenta que no cesa, una multitud de voces que no me pertenecen pero insisten en hablar. ¿Y si soy muchas? ¿Y si mi nombre es solo una frontera arbitraria?
Con desesperación,
Lucía
Fábula
Un día, la Paloma perdió la voz y comenzó a emitir chillidos agudos que asustaban al bosque. Los otros animales la evitaron. "Está loca", decían. Pero la Serpiente la escuchó y comprendió que la Paloma no gritaba por miedo, sino por haber visto el final del bosque en sus sueños. La histeria, concluyó la Serpiente, era solo otro nombre para la advertencia que nadie quiere oír.
Hipérbole
La histeria estalló como mil volcanes en una sola garganta. Era un diluvio de gritos que rompía espejos a kilómetros de distancia, que hacía parir estatuas de mármol, que fundía relojes por el simple gesto de cerrar los ojos.
Leyenda
Dicen que en el pueblo de Altamira vivía una mujer con el poder de gritar los pecados de quienes la miraban a los ojos. Nadie se atrevía a cruzarse con ella. Al morir, su cuerpo nunca se encontró, pero desde entonces, cada luna llena, se escuchan gritos que atraviesan las paredes. "Es la Histeria", dicen los ancianos, "la que revela lo que callamos".
Metáfora
La histeria es una jauría ciega encerrada en un cuerpo que aún recuerda haber sido fuego.
Microrrelato
Gritó tanto que su sombra se despegó del suelo. Ahora vive sola, sin reflejos, sin eco, sin voz.
Monólogo interno
No está aquí. No está aquí. No está aquí. Pero yo la oigo. Oigo su risa rota, su lengua en mi oído, la urgencia de arrancarme la piel. Me dijeron que respire, que es ansiedad. ¿Y si no? ¿Y si la locura es solo otra forma de ver más claro?
Poesía
Mi lengua arde de palabras sin salida,
un río inverso que muerde la garganta.
Dicen que deliro, que me calle,
pero en mis venas late
una verdad que no cabe en este mundo.
Poema en prosa
Me encerraron en una habitación blanca. Me llamaron histérica. Me vendaron la boca, no los ojos. Así vi cómo el mundo seguía girando, indiferente, como un carrusel de dientes. Aprendí a gritar sin voz, a llorar con el cuerpo, a vivir en el temblor. ¿Acaso eso no es también una forma de existencia?
Relato epistolar
Señor Doctor:
Lamento informarle que no continuaré el tratamiento. He descubierto que mi "histeria" es la única parte de mí que no miente. Mientras usted me ofrecía pastillas, ella me ofrecía espejos. En uno de ellos me vi, por fin, entera.
Atentamente,
Andrea
Texto filosófico
La histeria plantea una ontología del exceso: lo que desborda el lenguaje y quiebra la lógica. En su núcleo, no hay enfermedad, sino saturación del ser. Ser histérico es decir que el mundo no basta, que el orden es una ilusión, que el cuerpo tiene memoria más antigua que la razón.
Fragmento onírico
Soñé con una ciudad donde los edificios gritaban. Las calles temblaban al paso de mujeres con los ojos vacíos. Al fondo, un teatro sin techo albergaba la risa de una niña que no tenía boca. Desperté con la garganta herida.
Prosopopeya
Yo soy la Histeria. Camino entre ustedes con el rostro de vuestras madres. Hablo con la voz que callaron en la infancia. Me nombran locura, pero soy memoria. Me llaman exceso, pero soy medida de vuestra represión.
Parábola
Una mujer caminaba con un espejo en la mano. Quienes se miraban en él, veían sus secretos más oscuros. Pronto, el pueblo entero la llamó loca. La ataron, rompieron el espejo y celebraron su “curación”. Pero desde entonces, nadie ha podido mirarse sin temblar.
Alegoría
La histeria es una catedral invertida, donde los rezos son gritos y los santos, cuerpos descompuestos. Cada vitral proyecta una herida. Quien entra allí no encuentra paz, sino verdad.
Cápsula poética
Un grito suspendido
en la garganta del tiempo.
Eso soy.
Eso niegan.
Epifanía literaria
No era locura, era lenguaje. Cada estremecimiento, una palabra. Cada llanto, una frase sin traducir. De pronto lo supe: la histeria era escritura corporal, una literatura del cuerpo.
Texto metatextual
Este texto no habla de histeria. La convoca. La encarna. Cada palabra aquí escrita late, se descompone, se rehúsa a obedecer. Lo histérico no está en el contenido, sino en la forma que se desborda.
Texto hermético
M31 cae. Silencio zurdo.
La lengua se cose con luz.
Ananké ríe.
El cristal tiembla.
El alfabeto ya no basta.
Viaje interior
Descendí al sótano de mi conciencia. Allí, amordazada, estaba yo misma, gritando desde años atrás. La liberé. Ahora mi voz tiembla, pero canta. El viaje fue un temblor: no hacia la paz, sino hacia lo verdadero.
Ensayo fragmentado
i. ¿Por qué tememos a la mujer que grita?
ii. Freud dibujó mapas de lo inexplorado, pero olvidó la furia.
iii. La histeria es política, no biología.
iv. Cada síntoma es una carta no leída.
v. Tal vez solo queríamos que alguien escuchara.
Cuento especulativo
En el año 2412, la histeria fue clasificada como patrimonio inmaterial de la humanidad. Los museos ofrecían simulaciones sensoriales de crisis nerviosas. Sin embargo, nadie pudo recrear la intensidad original. Los replicantes lloraban, pero sin sentido. Solo una vieja grabación, oculta en una cápsula, contenía un grito auténtico. Nadie se atrevió a reproducirlo.
Lírica dramática
MUJER:
¿Por qué tiemblas, mundo, cuando tiemblo yo?
¿Por qué mis lágrimas son juicio y no lluvia?
CORO:
Porque tus palabras desobedecen las leyes del mármol.
MUJER:
Entonces, que se rompa la estatua. Que surja la carne.
Descripción evocativa
El cuarto estaba saturado de perfumes ácidos, como si alguien hubiera intentado disimular el pánico con flores. Las cortinas ondeaban sin viento. Una silla caída sugería huida. Y en la pared, garabateado con tinta, un nombre repetido hasta perder sentido.
Texto apocalíptico
Cuando la histeria se hizo colectiva, las ciudades colapsaron. Los gobiernos prohibieron las emociones. Las bocas fueron selladas. Pero bajo tierra, miles de corazones latían al mismo ritmo: esperando el día en que el grito reiniciara el mundo.
Oráculo
Preguntas por tu paz, y yo te doy una grieta.
Mira el agua que no refleja: allí danza tu verdad histérica.
No la calles, o el mundo se romperá contigo.